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Los accidentes más relevantes de la industria núcleo-energética

Three Mile Island[1]

La central nuclear Three Mile Island east ubicada a 16 Km. Al sudeste de Harrisburg (60.000 habitantes), en el estado de Pensilvana, EE.UU. Esta central poseía 2 reactores: TMI-1 y TMI-2. En 1979 se produjo allí el único accidente en la historia de la generación núcleo eléctrica comercial norteamericana. Este accidente está catalogado dentro de la escala INES como 5.

 

 

La unidad accidentada, TMI-2, era un PWR estándar. El accidente se debió a una falla producida en el sistema refrigerante estando el reactor operando al 97% de su potencia nominal. Se trató de una falla mecánica en una bomba, combinado con una serie de errores humanos de mantenimiento y fallas institucionales.

El combustible se fundió pero las barreras de contención funcionaron, liberándose menos del 1% del inventario total de productos de fisión. Hasta el momento no ha sido posible demostrar un impacto de este accidente sobre la salud del público.

 

Si bien el reactor se destruyó, nadie resultó herido. El accidente dejó en evidencia deficiencias importantes en los procedimientos de operación del reactor, en el entrenamiento de los operadores y en la gestión de la información al público. Estos aspectos han sido incorporados como aprendizaje y tenidos en cuenta de ahí en adelante.

Chernobyl

La central nuclear Chernobyl está ubicada en las cercanías de la ciudad de Prypiat en Ucrania.

 

La central poseía cuatro reactores RBMK-1000, cada uno con una potencia de 1.000 MW. El 26 de abril de 1986 ocurrió un accidente en el reactor número 4 de la central que ha sido catalogado como el peor accidente en la historia de la industria nuclear (grado 7). Como consecuencia, el reactor 4 resultó completamente destruido y actualmente se encuentra confinado dentro de un sarcófago de concreto para evitar el escape de radiación.

Sin embargo, cabe resaltar que a pesar del accidente, los otros reactores de la central continuaron funcionando. El último fue dado de baja definitivamente en diciembre del año 2000.

El accidente tuvo múltiples causas, todas ellas evitables. En primer lugar, el diseño del reactor era intrínsecamente inestable, era de diseño militar y por lo tanto proclive a este tipo de accidentes. En segundo término, el accidente se produjo por varios errores humanos, al intentar realizar una prueba para determinar la respuesta del reactor en caso de cierto tipo de falla y mejorar así su seguridad. En tercer lugar, existieron errores y omisiones de procedimiento durante la prueba. Por otro lado, algunos equipos no eran “redundantes” en su funcionamiento (es decir, no existía un segundo equipo capaz de sustituir su función en caso de operación defectuosa) fallaron en medio del procedimiento. Por último, y lo que tal vez resulte más difícil de explicar, el reactor de Chernobyl carecía de reciento de contención por lo que, al fundirse el reactor, las sustancias radioactivas se liberaron inmediatamente al ambiente.

En 2003, un conjunto de organismos internacionales (entre ellos el OIEA, la OMS, FAO, PNUMA, OCAH-UN, UNSCEAR y el PNUD), así como los gobiernos de Rusia, Ucrania y Bielorrusia, crearon el Foro Chernobyl, en el que un conjunto de científicos estudiaron las consecuencias del accidente, 20 años después de ocurrido. El trabajo realizado se basa en los estudios llevados a cabo por UNSCEAR, cuyas conclusiones fueron presentadas en el año 2000[3], así como por varios cientos de artículos publicados en revistas científicas internacionales.

A continuación se presenta la radiación recibida por distintos estratos de la población en ocasión de este accidente:

  • Varios obreros de la central, próximos al lugar del accidente, así como los bomberos que apagaron el incendio (un total de 500 personas), recibieron dosis por encima del umbral de 1 Sv.
  • Los llamados “liquidadores”, es decir las 200.000 personas que se alternaron durante meses para fabricar el sarcófago alrededor de los restos de la porción afectada del bloque recibieron, en promedio, unos 100 mSv cada uno.
  • La población que habitaba a escasa distancia de la central, y que fue (mal y tardíamente) evacuada unos días después del accidente, unas 115.000 personas, recibió, en promedio, 10 mSv. Esta dosis es sólo unas 5 veces mayor que la radiactividad natural.
  • Las 270.000 personas que habitaban a una distancia un poco mayor de la central, y que no fueron evacuadas recibieron, en media, unos 50 mSv.
  • Por último, las decenas de millones de personas que habitan a distancias mayores de Chernobyl, pero en regiones donde ha logrado medirse algún aumento de la radiactividad natural (unas 5 millones de personas) han recibido en promedio alrededor de 10 mSv debido al accidente.

En base a estos estudios, el Foro Chernobyl presentó un informe[4] [5] que analiza los efectos sobre la salud, a medio plazo, que han ocurrido sobre los afectados por el accidente. El informe, editado por la OMS, concluye que, además de las 32 personas que fallecieron en el momento del accidente, de las 600.000 personas más expuestas, unas 4.000 podrían fallecer por cáncer originado como consecuencia del accidente. Más allá de las víctimas, la consecuencia ambiental más notable del accidente es que los suelos, en un radio de 30 Km. alrededor de la central, quedaron inutilizados para uso agrícola durante unos 30 años.

El análisis del accidente de la Central Nuclear de Chernobyl puso en evidencia las deficiencias constructivas de los reactores tipo RBMK y los errores del personal. Posteriormente a este accidente, los reactores de este modelo fueron retirados de servicio y los que quedaron fueron modernizados los sistemas de seguridad.

Estas averías, especialmente la de Chernobyl dio importantes lecciones para corregir procedimientos, normas de seguridad, y aplicación de nuevas tecnologías de seguridad, lo que permitió posteriormente elevar notablemente los estándares de seguridad de las centrales nucleares de todo el mundo. Básicamente los nuevos procedimientos repercutieron en:

  1. Disminuyó el porcentaje de fallas a tasa insignificantes.
  2. Se mejoró la integridad de la vasija del reactor.
  3. Los productos de fisión desprendidos en una eventual avería no salen fuera de los límites del bloque y del reactor.
  4. Mejoraron notablemente los principios de defensa en profundidad de los reactores para la protección de la población  y el medioambiente.
  5. Se descubrieron y eliminaron alrededor de 200 lados “débiles”, lo que disminuyó considerablemente las detenciones del reactor por fallas de seguridad.
  6. La elaboración de procedimientos adecuados para el desmontaje y desactivaciones del proceso nuclear, aseguraron un desmantelamiento fácil de las unidades de la central nuclear.
  7. Se crearon institutos especializados en la operación de centrales nucleares lo cual mejoró la eficiencia y seguridad de las mismas.
  8. Los órganos de regulación incluyeron los requerimientos especiales y medidas de seguridad rigurosas para la población en caso de emergencias.

Esto llevó a que el riesgo de accidentes en las centrales nucleares fuera notablemente inferior comparado a otras operaciones industriales incluida la producción de energía eléctrica por otras fuentes.

 

Fuente: Estudio “Análisis Relativo de Impacto y Riesgos de la Generación Nucleoeléctrica”, Comisión Nacional de Energía, Chile, 2009.


NOTAS
[1] http://www.nrc.gov/reading-rm/doc-collections/fact-sheets/3mile-isle.html.
[2] Dos reactores tipo PWR. El reactor de la unidad 1: TMI-1 de 786 MW y el de la unidad 2:TM-II, donde ocurrió el accidente, de 900 MW.
[3] UNSCEAR, Comité Científico de las Naciones Unidas sobre los Efectos de las Radiación Atómica, Vol. 1, Informe del año 2000 a las Naciones Unidas.
[4] http://chernobyl.undo.org/english/docs/chernobyl.pdf, “Chernobyl´s legacy: health, environmental and socio-economic impacts”, 2005.
[5] Comunicado de prensa del OIEA, Chernobyl: La verdadera escala del accidente”, Septiembre de 2005.