Prensa


CNE Chile en la prensa

 

¿Chile atómico?

 

Esto no es ficción. Los protagonistas de la historia son reales y todo cuanto se dice en este informe exclusivo es cierto. Si le parece increíble, es bueno que se vaya acostumbrando a la idea. El día en que pasemos de hablar de energía nuclear a usarla parece estar cada vez más cerca. Por Daniel Trujillo Rivas.

 

 

 

 

 

 

 

Hotel Marriott

Santiago, noviembre de 2005

 

Dos hombres de traje impecable cruzan el vestíbulo hacia el ascensor y digitan la clave de acceso al VIP. Uno de ellos parece más sociable. Se ve relajado. Es ruso y cuando no está cumpliendo misiones de alta responsabilidad en cualquier parte del mundo, como ahora, vive y trabaja en Moscú. Su nombre es Viktor Filichkin. Su acompañante proviene de Kiev, Ucrania. Es un tipo de mirada escrutadora y pocas palabras. Se llama Iván Galunga y es la primera vez que está en Chile, a diferencia de Filichkin. En el salón esperan ya sus contactos locales, el abogado José Ignacio Vázquez y el empresario Anatole Gubin.

Galunga abre y extrae de su maletín una carpeta azul. Alguna tensión flota en el ambiente. Mi presencia en esta reunión ha sido motivo de largas deliberaciones antes de ser aprobada. Van a revelarme detalles de lo que está en esa carpeta. Algo que puede marcar un antes y un después en la matriz energética chilena y sin duda modificaría el mapa geopolítico de la región. Una voz interrumpe mis meditaciones.

-Muy bien. Es el momento de explicarle al periodista aquí presente el proyecto que va dotar a Chile de tecnología nuclear.

Hago esfuerzos por disimular el nudo que tengo atravesado en la garganta, aunque eso cuesta menos que sustraerme a la tentación de imaginar la trama de una novela de acción. Pero esto es real.

La primera vez que tuve acceso a esta información fue hace más de un año. Era una mañana luminosa de fines de otoño en la capital de Rusia…

 

Sede de Atomstroyexport

Moscú, mayo de 2004

 

Después del fin de la Unión Soviética, el fantasma de Chernobyl penaba sobre la tecnología atómica rusa, por lo que hubo que tomar medidas serias para consolidar la supremacía lograda a pesar de ello y, sobre todo, para exportarla.

Así, bajo el alero de Rosatom, la agencia gubernamental del área, surgió una industria que ha intentado seguir el camino privado, primero con la creación de Atomstroyexport, empresa encargada de fabricar centrales núcleo eléctricas fuera de Rusia. A la fecha se ha hecho un par de intentos por privatizarla, sin resultados, pero sí ha tenido éxito en sus incursiones internacionales, con la construcción de centrales en Eslovaquia, Irán, China, India, Ucrania y Kazakhastán, además de la modernización de plantas ya existentes en Finlandia, Hungría y la Republica Checa. Recientemente, del seno de Atomstroyexport surgió Intermash Group, compañía hoy enteramente privada y con una filial en Ucrania, encargada de la administrar el conocimiento científico acumulado durantes décadas y capitalizarlo de manera eficiente y competitiva.

Así lo explica Vladimir Parigyn, director ejecutivo de Atomstroyexport, a la comitiva chilena que encabeza el (entonces) alcalde de Santiago, Joaquín Lavín, invitado especial del gobierno de Moscú a conocer los avances de la empresa. También estamos presentes ese día algunos representantes de medios de comunicación y empresarios, tanto rusos como chilenos. El encuentro tiene un carácter meramente informativo. El candidato presidencial agradece la invitación y se retira sin mayores hacer mayores comentarios.

De este primer acercamiento surgieron los contactos privados que un año más tarde reunirán en Chile a otros de los que estuvieron presentes en la ocasión. Si bien ese día nadie imaginó la posibilidad de construir una planta nuclear en Chile, en la cabeza de algunos se instaló aquella pregunta de la que muchos se ríen, pero que suele ser el comienzo a todas las cosas grandes: “¿y por qué no?”

 

Oficinas de Technopark S.A.

Santiago, enero de 2005

 

Technopark es una empresa chilena que mantiene estrechos vínculos con Rusia, Ucrania y China. Sus caras visibles son los ya mencionados José Ignacio Vázquez y Anatole Gubin –gestor de la visita de Lavín a Rusia-, además del también abogado Exequiel Sagrado. Durante más de un año han desarrollado una serie de interesantes actividades, tan significativas como de bajo perfil y alejadas completamente de cualquier color político, materializar un proyecto nuclear.

Comenzaron por tomar contacto con la Comisión Chilena de Energía Nuclear (CCHEN). De ahí surgió la primera visita de Viktor Filichkin, representante de Intermash Group, acompañado del doctor Chang Xuping, reconocido como una eminencia nuclear a nivel mundial, director de China Nuclear Energy Industry, la principal corporación de su país en generación eléctrica y quien ostenta un cargo estatal con rango de ministro. Su misión fue analizar la situación energética chilena y pronunciarse sobre la viabilidad de embarcarse en una aventura nuclear.

Filichkin y el doctor Xuping se reunieron con Loreto Villanueva, directora ejecutiva de la CCHEN  y además el especialista chino dictó una conferencia para 35 personas, entre directores y funcionarios de la Comisión. Sus conclusiones del panorama local para el corto y mediano plazo no fueron precisamente alentadoras: el próximo año habría un 6% de probabilidades de que racionamiento eléctrico, potencialidad que se eleva al 26% para el 2007 y al 34% en el 2008. El problema de fondo es la dependencia del gas argentino, lo que obliga a diversificar de la matriz energética. Para ello, a su juicio, claro, la mejor opción es la suya. La opción nuclear.

Actualmente en el mundo hay 440 reactores nucleares, operando en 32 países. A ellos se suman 24 en construcción durante el 2005, 40 en proyecto y 75 propuestas. Al final de esta visita se dejó establecido que Chile podría ser el próximo miembro del selecto club, con la firma de un primer acuerdo entre Technopark, Intermash Group y China Nuclear Energy Industry, que en términos generales estableció la intención de desarrollar el proyecto de construir una o más centrales nucleares en nuestro territorio.

¿Misión imposible?

 

Banco del Estado, Piso 8

Santiago, noviembre de 2005

 

Si en Technopark alguna vez sintieron que estaban encaramados en una pila de falsas ilusiones,  esta sensación se les debe haber pasado, al menos un poco, cuando en su último mensaje ante el Congreso el presidente Ricardo Lagos dijo: “Si queremos energía segura y limpia para el futuro estamos obligados a pensar en otras fuentes no convencionales de generación, necesitamos repensar los nuevos procesamientos tecnológicos del carbón que no contaminan y también necesitamos pensar en la energía nuclear. Sí, la energía nuclear”.

A partir de entonces el tema se ha puesto cada vez más candente y no han sido pocos los editoriales de la prensa sobre el asunto. El tema es polémico. Todo el mundo parece tener una opinión e incluso Michelle Bachelet creyó necesario suscribir el compromiso con ambientalistas de no aprobar un proyecto nuclear en su eventual gobierno. Pero lo cierto es que antes de llegar a eso es necesario cumplir con una serie de pasos y si hay alguien en Chile que puede saber cuáles son estos, es la ex secretaria ejecutiva de la Comisión Nacional de Energía, Vivianne Blanlot.

El encuentro tiene lugar en su despacho de directora del Banco del Estado y con una buena cuota de prudencia, comienza a explayarse escogiendo cuidadosamente sus palabras.

-Antes que todo hay que decir que en Chile no existe la prohibición de utilizar ninguna fuente de energía, por lo tanto se podría instalar una central nuclear. Pero tendría que cumplir con todas las condiciones que requiere cualquier proyecto energético o desarrollo industrial. Entre los requisitos hay algunos obvios, por ejemplo en cuanto a la inserción en el sistema eléctrico. Claramente tendrían que ser centrales que no provoquen inestabilidad en el sistema. Eso implica cuestiones de tamaño y de operación. Por lo general se trata de centrales de base y hasta hoy estas tienen tamaños relativamente grandes para ser económicas.

-¿Qué pasa en el caso de un proyecto que parte con una central de 440 megavatios (MW)?

-Bueno, en principio sería de un tamaño adecuado, pero yo dudo de que exista una central nuclear de 440MW competitiva, porque tendría que tener un costo de inversión total anualizado y convertido por kilovatio hora (kw/h) del orden de 5 centavos de dólar como máximo, que es un valor por el lado del rango alto de lo que podría costar la generación por carbón, la alternativa más cara de las están siendo consideradas hoy.

-¿Y respecto a los beneficios asociados a la tecnología nuclear, por ejemplo la transferencia tecnológica y la independencia?

-Esos supuestos beneficios son muy pocos comparados con el exceso de costos. Que más chilenos aprendan de energía nuclear hay formas de conseguirlo de manera más barata, por ejemplo a becas. Ahora, lo de la independencia es relativo, porque podemos ser igual de independientes con carbón, que se consigue fácilmente en los mercados internacionales y de hecho tenemos reservas en la XII Región que podrían ser explotadas. Lo mismo ocurre con los recursos hidroeléctricos. Eso no descarta que la energía nuclear tenga en el futuro un mejor espacio, pero eso se va a dar en la medida en que los costos de inversión bajen.

-Pero hay quienes sostienen que la opción nuclear tiene costos totales iguales o inferiores a la generación hidroeléctrica.

-Yo hasta el momento no conozco ningún proyecto de energía nuclear que salga a menos de 10 centavos de dólar por kw/h. Obviamente a ese precio no compite en absoluto con centrales hidroeléctricas. Por lo tanto la impresión que tengo es que este asunto está todavía muy lejos de ser realidad.

Entre 1973 y 1999 Rusia construyó 28 centrales termonucleares de entre 440 y 488MW, las cuales se encuentran plenamente operativas en diversos países. Según Víctor Filichkin, cada una de estas tiene costos de inversión de unos mil millones de dólares. Ello  supera a una central hidroeléctrica como Ralco, de 570MW, que costó unos 570 millones de dólares. No obstante, el gasto se vería compensando por el valor del kw/h, que se mantendría estable en el rango de los señalados 5 centavos de dólar durante toda la operación de la central, unos 40 años. No ocurre lo mismo en el caso de la represa, cuyos precios de nudo, según fuentes del sector, han ido subiendo en un 15% promedio. El valor del kw/h que llegaba a nuestros hogares en enero del 2005 era ya de 67 pesos, unos 8,2 centavos de dólar.

Consultada por esto, Vivianne Blanlot replica:

-Bueno, ver para creer… Lo que pasa es que muchas veces se defiende la energía nuclear porque tiene un costo de operación bajo, pero resulta que la inversión hay que pagarla y en Chile no se construyen centrales con subsidio del Estado.

-Siendo usted parte la campaña de Michelle Bachelet, ¿qué opina de su compromiso para no aprobar ningún proyecto nuclear durante su eventual gobierno?

-Me parece que demuestra una gran sensatez. Este es un tema que no puede ser tomado a la ligera y en los próximos cuatro años nada realmente serio podría aprobarse. El país tiene otras prioridades urgentes en que invertir tiempo y recursos.

Entonces no se trata de una negativa rotunda… ¿El sector privado bien podría avanzar por su cuenta en este tema entonces?

-Claro que sí. Deben ser los empresarios quienes asuman el liderazgo si hay alguno interesado en estudiar la opción nuclear, pero debe estar dispuesto a trabajar con una mirada de futuro y sobre todo estar atento a que los costos iniciales no se disparen después, cosa que ha ocurrido repetidas veces. El nuevo gobierno no va a alentar a nadie, pero por supuesto que va a colaborar en lo que se requiera.

 

 

Oficinas de la CCHEN

Santiago, noviembre de 2005

 

Loreto Villanueva, secretaria ejecutiva de CCHEN, es tanto o más prudente. Parece tener ganas de decir muchas cosas, pero que se contiene. Le brillan los ojos cuando recuerda su participación en la conferencia internacional Energía Nuclear en el Siglo XXI, realizada en París en marzo último. Según comenta, la conclusión de este encuentro “fue categórica al señalar que la energía nuclear podría ayudar a las naciones a cumplir con sus necesidades energéticas y reducir la propagación de gases que generan el efecto invernadero”.

-¿Usted ve cercana o lejana la posibilidad de una central nuclear en Chile?

-Bueno, la comisión ha estado mirando con interés el debate generado a partir de las palabras del presidente Lagos, pero no nos toca aún asumir un rol protagónico en este tema. En lo personal, no creo que haya novedades antes de diez años.

-Habría que partir luego entonces, ¿no? ¿Tienen ustedes conocimiento de alguna iniciativa en este sentido?

-Por el momento estamos manteniéndonos al tanto sobre cuáles son las condiciones que deben cumplirse e interiorizándonos del contexto internacional. Hay varias opciones interesantes, pero sólo tenemos conocimiento de un interés real de la región de Antofagasta (ver recuadro 1).

-Entiendo que también hay acercamientos con empresas rusas interesadas en invertir en Chile y que han estado recibiendo información sobre sus avances tecnológicos…

-Es verdad, pero eso es parte de las actividades propias de la comisión. El tema de Rusia es interesante por las lecciones que dejó Chernobyl, (el segundo desastre nuclear de la historia, ocurrido 1986, luego del accidente de la central estadounidense de Three Mile Island, en 1979). La comunidad internacional impuso a partir de entonces medidas de que han dado impulso a nuevas tecnologías en seguridad y paralelamente han permitido una mayor disponibilidad y eficiencia de las centrales nucleares. Esto es muy importante porque la primera condición para el uso de la energía nuclear es la elaboración de estrategias claras para la gestión, la seguridad y la disposición final de los combustibles utilizados y los desechos radiactivos.

Vivianne Blanlot coincide con ella.

 

Edificio del Banco del Estado, Piso 8

Santiago de Chile, noviembre de 2005

 

-Una cosa es que se den los costos –dice Vivianne- y otra es que haya garantías en materias de seguridad y ambientales. Por lo menos hasta ahora puedo afirmar que las que entregan los fabricantes europeos del oeste y Estados Unidos son conocidas y superiores a las de otros proveedores.

-Pero existen regulaciones internacionales que fijan medidas estándar para todos…

-Si claro, pero una cosa son estas reglamentaciones y otra la capacidad de monitoreo y fiscalización. Por algo ocurrió lo de Chernobyl… Por ejemplo, una central nuclear necesita agua para funcionar y recurso se encuentra en las zonas pobladas, así es que el tema de localización es complicado. Claro, se podría forzar las condiciones, pero ¿qué región podría querer tener una central nuclear?

-Antofagasta.

-Ah, obviamente. Pero una cosa es lo que digan los industriales y otra la opinión de la población. Además todavía quedaría el problema del suministro de agua. Es cierto que una central termonuclear en régimen no contamina, sin embargo cuando ocurre una falla el costo de eso es mucho mayor que lo que pueden afectar las emisiones por ejemplo del carbón, en todo su período de actividad, las que son manejables.

-Eso a corto plazo, porque el efecto invernadero es irreversible.

-Pero aún así existe un sistema de manejo conocido y viable con consecuencias mucho menores a una posible fuga de radiación. Además está todo lo relacionado con el manejo de los residuos radioactivos. Es cierto también que se ha estado trabajando en sistemas más seguros, pero estos no han sido instalados todavía, por lo menos hasta donde yo se, en la parte del mundo donde existe más información. Cuando eso ocurra posiblemente estaremos todos más dispuestos a cambiar de opinión.

-¿No conoce usted la tecnología rusa?

-No, pero la intuición me dice que sea más cuidadosa con lo que se está haciendo en Europa del Este que con lo que pasa en Occidente, donde la población tiene una historia mucho más larga de supervisión y vigilancia ciudadana y hay más transparencia.

 

Hotel Marriott

Santiago de Chile, noviembre de 2005

 

Después de entrevistar a Vivianne Blanlot y Loreto Villanueva, una cosa me parece segura sobre el proyecto de Technopark e Intermash Group: tendrán que invertir tiempo y recursos. Y tanto como la viabilidad comercial, un tema sensible será pasar la prueba de la blancura ante la opinión pública. Pero el panorama no se ve tan oscuro una vez que se adquiere visión de conjunto. Además, se sabe, el que pega primero, pega dos veces.

Viktor Filichkin describe por fin el proyecto, el cual parece tener respuesta para todas las interrogantes que han salido a flote hasta aquí:

-Intermash Group ha decidido concentrar en su filial de Ucrania, representada por el señor Galunga, el desarrollo de proyectos internacionales. Tenemos la tecnología más avanzada actualmente en operación. Estados Unidos detuvo su desarrollo nuclear hace unos 20 años y lo mismo hizo después Francia y Alemania, pero nosotros hemos seguido adelante, con un perfeccionamiento constante. Somos los únicos que fabricamos centrales antisísmicas y tenemos experiencia en varios países con esa condición, que es el caso de Chile. Nuestro reactor VVER-440 es el más moderno y hay 28 unidades funcionando. También cumplimos con las regulaciones de la Asociación Mundial de Operadores Nucleares, WANO); y el Organismo Internacional de Energía Atómica de Naciones Unidas, OIEA.

-Perdón pero, Chernobyl está en Ucrania ¿cierto?

(Ambos me miran con la expresión del que está acostumbrado –y cansado- de responder la misma pregunta una y otra vez).

-El accidente de Chernobyl –explica Galunga- es algo que jamás podrá volver a ocurrir. No es que lo sostengamos nosotros, sino una certeza de la comunidad internacional. Esa central carecía de normas adecuadas y el accidente debió a una falla humana en un experimento cuya supervisión fue errónea. Además, las circunstancias de entonces, bajo la administración de la burocracia soviética, han sido desplazadas por los requerimientos competitivos del mundo globalizado.

-¿Y en cuanto al impacto ambiental y el manejo de residuos y radioactivos?

-Las centrales nucleares no producen emisiones de dióxido de carbono, dióxido de azufre, ni óxido de nitrógeno, que son los principales causantes del efecto invernadero y el cambio climático. Si toda la energía eléctrica de origen nuclear del mundo (un 16% del total) fuese producida con carbón, habría 1.600 millones de toneladas de dióxido de carbono más en la atmósfera, con un aumento del 8% anual. Una central de carbón de 600MW produce 300 mil toneladas de cenizas que contienen materiales radiactivos y metales pesados. En cambio, los desechos radiactivos de una central nuclear de la misma potencia son sólo de unas 800 toneladas de material de actividad baja-media y a unas 30 de desechos de actividad alta, los cuales pueden aislarse de la biosfera.

-Pero según entiendo el manejo de esos residuos también conlleva un peligro relevante.

-Nuestra tecnología permite reciclar los residuos, obteniendo a cambio agua pura y un mínimo de material radioactivo cristalizado, cuya manipulación es segura y que se confina en depósitos definitivos instalados en lugares remotos. El transporte tampoco representa peligro. Además, el uranio utilizado es biodegradable en un lapso de 900 años, mientras que por ejemplo el plástico demora mil años, pero nadie se preocupa igual de todo el plástico que hay dando vuelta o de que el agujero en la capa de ozono es irrecuperable

-Ok. ¿Pueden contarme ahora cuál es su proyecto concreto para chile?

Viktor Filichkin retoma la palabra.

-Proponemos la construcción de una plata núcleo-eléctrica con dos centrales de poder compuestas cada una por un reactor VVER-440 y dos turbinas, para comenzar. La instalación constaría  de edificios monobloque separados, además de edificios independientes para oficinas y un sistema de distribución bajo condiciones de voltaje según las necesidades del cliente.

Para esto sería necesario levantar un pueblo para acoger a los trabajadores que tomen parte en la construcción, que demoraría de cinco a seis años y en esa etapa daría trabajo a unas cinco mil personas. Más de la mitad serían profesionales de alto nivel que requerirán instrucción en el extranjero. Este solo aspecto implica un enorme beneficio, ya que la transferencia tecnológica que recibe un país que cuenta con energía nuclear constituye un verdadero salto evolutivo científico imposible de lograr de otra manera.

-¿Cómo piensan resolver la necesidad de agua, han pensado en algún lugar ideal?

-Eso es materia de estudio –interviene José Ignacio Vásquez- pero ya se han identificado algunos puntos en la zona norte, en el desierto. Respecto al agua, Intermash tiene una idea interesante.

Continúa Iván Galunga:

-Pensamos que lo ideal es extraer agua del mar y transportarla hasta una planta desalinizadora. Así, luego de enfriar el reactor está sería depositada en un embalse, transformada en agua potable para riego e incluso para consumo humano.

 

Repentinamente viene a mi mente una imagen del desierto convertido en vergel y la idea de una industria nacional libre de la dependencia energética y ajena a los vaivenes del precio internacional del petróleo.

¿Será posible tanta maravilla?

-¿Cuál es el siguiente paso?

-Eso precisamente es lo que vamos a discutir ahora –responde Anatole Gubin-, en privado, si no nos haces el favor.

No faltaba más. Me despido con la promesa de que me mantendrán informado de los resultados de la reunión, que prosigue para definir el monto y las condiciones de la inversión que realizará Intermash Group para instalarse en Chile a través de Technopark. El desarrollo del proyecto implicará estudios y gestiones al más alto nivel por un periodo prolongado y capital de riesgo por varios cientos de miles de dólares.

Al salir, experimento todavía algún nerviosismo. Llevo en mis manos la carpeta azul del primer proyecto nuclear en Chile.

 

(Esta historia continuará…)

 

La secreta agenda Nuclear chilena

Hace cuatro años, el debate nuclear casi no existía en Chile. Sin embargo, la crisis energética lo instaló de sopetón. Hoy, conglomerados como los Luksic y los Matte investigan soterradamente el tema a través de estudios, visitas a plantas y consultas a expertos extranjeros. Pese a que Michelle Bachelet dijo en un principio que no incluiría esta opción dentro su agenda, hoy un grupo de expertos asesora al ministro de Energía, Marcelo Tokman, en la elaboración de un informe que quedará en el escritorio del próximo mandatario para que sea él o ella quien tome la decisión. Los lobbies extranjeros ya están aterrizando en el país.Por  Paula Comandari

El grupo que lidera Bernardo Matte encargó un estudio de 200 páginas sobre el tema. Desde el 2005 que Andrónico Luksic está investigando la opción nuclear.

En 2006, Andrónico Luksic Craig viajó a Francia para empaparse de la experiencia nuclear de ese país. El empresario quería conocer el desarrollo de esta industria -representa el 80% de la matriz energética gala-, sobre todo para ver en terreno el tratamiento de los desechos y saber cómo lograron sortear con éxito las críticas y reparos de la población.

Un año antes, el 2005, Luksic había solicitado una serie de informes a expertos en la materia. La crisis energética nacional, que ya era un tema a esas alturas, prendió las luces de alerta del grupo más rico de Chile: sus proyectos mineros en el norte se veían amenazados por la escasez. Era hora de buscar alternativas y hallar soluciones: la energía nuclear pasaba a ser una opción factible.

Luego de tres años de investigaciones, viajes y consultas, lo que en un principio fue una urgencia hoy se convirtió en una posibilidad de negocios. Sin embargo, los Luksic se toman las cosas con calma. “Cuando exista un marco regulatorio, la idea es invertir, pero unidos a otros grupos económicos chilenos y por supuesto de la mano del Estado”, explica una alta fuente de los Luskic.

Dentro del mundo privado, este grupo es uno de los más adelantados en el tema nuclear. Los Luksic han tenido contactos con proveedores estadounidenses y varias conversaciones con ex autoridades regulatorias en EE.UU. Ahora, el mayor del clan visitará las plantas rusas, aprovechando la reunión del ABAC -Consejo Consultivo Empresarial de la APEC- en mayo próximo.

Pero Luksic no es el único. La agenda nuclear ya se desató en Chile. Los grupos empresariales más importantes evalúan y sacan cuentas, el lobby empieza a asomarse y los precandidatos presidenciales saben que deberán abordar la disyuntiva que el gobierno de Michelle Bachelet les dejará por escrito: un completo informe sobre cómo, cuándo y dónde podría aterrizar la primera planta en el país.

La primera el 2020

Los expertos del sector eléctrico argumentan que si Chile hubiera seguido recibiendo el gas argentino a los precios acordados, nadie habría vislumbrado la energía nuclear como opción para el país.

Pero la situación comenzó a cambiar a fines de 2004 y dos años después se hizo insostenible por los racionamientos que comenzó a aplicar el país vecino. Había que pensar en una alternativa para diversificar la matriz energética, y con ello dejar de ser dependientes. “Es un tema de seguridad nacional”, dice un analista del rubro.

Los expertos argumentan que Chile tiene las condiciones para incursionar en la energía nuclear. Sobre todo porque en el norte del país, donde operan las grandes mineras, existe un enorme requerimiento energético y la hidroelectricidad no es una opción debido a las distancias que lo separan de las zonas productivas, en el sur.

“Es un gran problema que explica por qué las mineras han subsidiado a Gas Atacama y también por qué la mayoría de ellas hoy investiga el tema nuclear”, dice un experto minero.

Quienes están involucrados en la materia ya empiezan a hacer cálculos. Los más optimistas aseguran que si Chile se compromete a abrir la opción se tardaría al menos siete años en tener una planta funcionando. Los más realistas hablan del año 2020. “Hoy la demanda por centrales nucleares en el mundo está en un punto tan alto que, en principio, las empresas no parecen estar buscando clientes y la lista de espera es interminable. Además los niveles de requerimiento chilenos son pequeños en relación a grandes consumidores como China e India”, dice Rodrigo Castillo, director de Empresas Eléctricas, el ente que reúne a las más grandes firmas del rubro.

Los Matte observan

Hace dos años, desde el grupo Matte llamaron a Julio Vergara, profesor del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Universidad Católica, para solicitarle un detallado informe sobre energía nuclear. El académico es uno de los chilenos con más expertise en la materia. Vergara se pasó cerca de seis meses redactándolo. Fueron 200 páginas que entregó a los dueños de Colbún para que tuvieran plena claridad sobre cuál es el camino a seguir, cuáles son los tipos de reactores que existen en el mundo y otros detalles sobre la industria.

Vergara es más bien escéptico: dice que aún no existe en Chile una agenda nuclear y que, antes de siquiera pensar el tema, el país debe cumplir las 19 recomendaciones que hace el Organismo Internacional de Energía Atómica, entre ellas crear una agencia de adopción de energía nuclear, ente que debiera encargarse de desarrollar el análisis previo a la toma de decisiones y de estudiar un marco regulatorio que incluye, según él, un cambio en la Constitución.

Aunque los Matte -junto a Endesa- hoy tienen sus ojos puestos en el sur y en la hidroelectricidad, expertos en el tema energético aseguran que más temprano que tarde ambos podrían ingresar al negocio. Especialmente Endesa, que tiene una vasta experiencia en proyectos de este tipo en España: cinco plantas que producen 6.634 MW.

A principios de los 70, antes del golpe militar, Endesa Chile -que era estatal- tuvo un intercambio con la Unión Soviética y tres de sus ingenieros estuvieron allá capacitándose. Y aunque hoy consideran que el carbón y la hidroelectricidad son más rentables que la opción nuclear, “siempre estamos dispuestos a mirar el tema y participar, sobre todo si en el futuro se crea un ente transversal que involucre a diversas empresas”, dice una fuente de Enersis.

Se trata, en todo caso, de una apuesta a futuro. “Hoy no pueden desenfocar su mirada de HidroAysén, donde ya han invertido grandes sumas de dinero. Muchos consideran que la energía nuclear podría reemplazar ese proyecto, pero la verdad es que HidroAysén constituye un complemento de los planes nucleares”, dice una alta fuente del rubro eléctrico.

Otros conglomerados también están atentos. AES Gener -controlada por la estadounidense AES Corp- estudia la opción y analiza su competitividad en el largo plazo. Incluso el excéntrico Leonardo Farkas -el hombre que donó $ 235 millones a la Teletón- quiso entrar. El dueño de la Minera Santa Bárbara tocó las puertas de la Corporación Nuclear Eléctrica -la empresa privada rusa que se instaló en Chile en 2005- y durante más de un año y medio estuvieron negociando. Finalmente optó por el carbón porque no existía regulación en el tema nuclear y ante la incertidumbre decidió pasar.

Tokman de gira

Si bien la candidata Michelle Bachelet se comprometió a fines de 2005 a no incluir el tema nuclear en la política energética de su gobierno, dio un drástico vuelco en marzo del año pasado cuando ordenó la constitución de la comisión Zanelli.

Ésta se compuso de 11 expertos, dirigidos por Jorge Zanelli, físico e investigador del Centro de Estudios Científicos de Santiago. En noviembre pasado, el grupo entregó su informe, en el que señalan que la energía nuclear no se puede descartar como alternativa para Chile y que la experiencia internacional muestra que es segura, confiable y económicamente factible.

Tras la disolución de ese comité, se creó hace tres meses un órgano que asesora al ministro de Energía, Marcelo Tokman, el cual está compuesto por representantes de los ministerios de Defensa, Relaciones Exteriores, Medio Ambiente y otros expertos en la materia, tres de ellos de la antigua comisión.

El grupo se autoimpuso un objetivo claro: “Cuando finalice este gobierno, habrá una carpeta y los estudios necesarios para que el próximo presidente disponga de todos los elementos y criterios necesarios si considera oportuno abrirse a la energía nuclear”, explica Gabriel Rodríguez, miembro del grupo y director de Energía, Ciencia y Tecnología e Innovación de la Cancillería.

Este año el órgano asesor tiene un presupuesto de US$ 2 millones para licitar estudios de sismología, localización y aceptación pública. Para muchos, en todo caso, la cifra es insignificante. “Se necesitan al menos US$ 12 millones para un estudio acabado”, dice el ingeniero Roberto Gurovich, cuya consultora Gurovich y Asociados se unió hace más de dos años a su par canadiense Senes, especializada en temas ambientales y con una carpeta de 7 mil clientes atendidos. Gurovich y sus socios se encuentran hoy en pleno proceso de búsqueda de fondos para realizar un estudio sobre energía nuclear -alternativo al oficial-, que en dos años tendría que estar finalizado.

Mientras tanto, la comisión que asesora a Tokman trabaja a todo pulmón: acaban de llegar de un viaje a Estados Unidos, en donde tuvieron una apretada bitácora de una semana, a la cual se unió el propio ministro durante el primer día. Además de visitar una planta nuclear en Free Mile Island, se reunieron con personeros del Departamento de Energía estadounidense para analizar la agenda que pueden construir en conjunto en los próximos dos años; con el presidente de la Comisión Regulatoria de Energía Nuclear; con personeros de la Oficina Internacional de Seguridad y No Proliferación y con la Agencia de Protección del Medio Ambiente.

El lobby extranjero

Anatole Gubin es hijo de rusos. Su padre fue coronel del Ejército de ese país en la II Guerra Mundial y por diversos motivos terminó aterrizando en Chile. Su madre, también rusa, es hija del fundador de la Iglesia ortodoxa en nuestro país.

Aunque Gubin nació en Santiago, siempre estuvo ligado a Rusia. Médico veterinario de la Universidad de Chile, trabajó como coordinador de la flota de pesqueros soviéticos que operaban en las costas nacionales.

Gubin hoy es director general de la Corporación Nuclear Eléctrica, la empresa rusa que hace tres años tiene presencia en Chile. Ellos tienen un objetivo claro: poner la energía nuclear en la agenda chilena para solucionar la crisis energética y promover la tecnología rusa.

En mayo de 2004 comenzó a ligarse a la industria, cuando le organizó a Joaquín Lavín un viaje a Moscú. El entonces alcalde estaba interesado en conocer la realidad de ese país y las alternativas innovadoras de tecnologías, especialmente en el tema energético.

“En esa oportunidad llevé a Lavín a la sede de Atomstroyexport, principal consorcio estatal nuclear encargado de la construcción de centrales. Lo mismo hice el año pasado con los senadores Jaime Orpis, Baldo Prokurica y Ricardo Núñez, a quienes se les abrió la mente sobre el tema, al mirar con sus propios ojos el funcionamiento nuclear en Rusia. Creo que este tipo de energía es la única opción que tiene Chile”, dice Gubin, en un español con acento extranjero, desde su oficina en El Bosque Norte.

Durante estos tres años la firma rusa ha traído a sus técnicos, quienes aterrizan en Chile siete veces al año. Además se han encargado de promover en las comisiones de energía de la Cámara de Diputados y el Senado su proyecto. “La idea es levantar dos plantas nucleares de 350 MW interconectadas entre sí en la zona de Tal Tal, que es donde termina el SIC y empieza el SING. Les hemos señalado que este tipo de energía no emite gases y que una pequeña cantidad de uranio genera la misma electricidad que mil toneladas de carbón. Eso es una cosa que los chilenos deben entender”, afirma Gubin.

De hecho, los rusos mantienen conversaciones con el empresario brasileño Ike Batista, propietario de la Hacienda Castilla, que cuenta con 200 mil hectáreas en Copiapó, uno de los predios más grandes de la zona. “Llevamos bastante tiempo analizando la posibilidad de utilizar parte de sus tierras para levantar ahí centrales nucleares”, explica Gubin.

-La tragedia de Chernobyl parece no favorecer sus pretensiones…

-Chernobyl no fue un accidente. Además de producir energía, allí se hacían pruebas militares que nadie haría hoy. Esas dudas se han ido despejando con el tiempo. Rusia es el único país del mundo que nunca ha dejado de levantar centrales nucleares, eso le da un gran expertise-, explica Gubin.

Pese a que Rusia ha sido el primer país en aterrizar en Chile, todo indica que las tecnologías francesa, canadiense y estadounidense también tienen puestos los ojos acá. Claro que varios expertos en el tema eléctrico aseguran que la mayor parte de los proveedores miran a Chile con fines que no son netamente económicos. “La idea de ellos es prestar asesorías y tener presencia en países que no han desarrollado proyectos nucleares por motivos estratégicos y geopolíticos. Hay que considerar que cualquier iniciativa que levante el país con extranjeros implica acuerdos internacionales con ellos”, explica Rodrigo Castillo, de Empresas Eléctricas.

Consultado por Qué Pasa, el embajador de EE.UU. en Chile, Paul Simons, afirma que “recurrir o no a la energía nuclear es una decisión soberana del gobierno y del pueblo de Chile. Estados Unidos tiene su propia experiencia en esa área, la que estamos dispuestos a compartir con Chile si el país así lo requiere”.

El equipo nuclear de Piñera

Los  presidenciables no obvian el tema, pero son cautos a la hora de las definiciones públicas. Tanto Ricardo Lagos como Soledad Alvear han manifestado que hay que estudiar la alternativa.

Sebastián Piñera sigue la materia de cerca. Sólo dos días después de que la comisión Zanelli entregara su informe, a fines del año pasado, fue el propio Piñera quien llamó al físico, con quien se reunió esa misma tarde.

“Creo que cualquier candidato en las próximas elecciones tendrá que tomar la decisión de si impulsará o no la energía nuclear. Piñera lo mira con ojos de estadista. Él está pensando en cómo estará el país en los próximos diez años y en su necesidad energética. Por ello quería entender bien de qué se trataba la energía nuclear”, dice el físico.

Mucho antes, sin embargo, Piñera ya había formado una comisión especial, que desde mayo de 2007 trabaja para la propuesta energética de su futuro programa presidencial. “El próximo año tendremos todo listo. Por supuesto que la opción nuclear la estamos analizando seriamente desde que empezamos a trabajar. Pero es una decisión que debe tomar el Estado y no el Gobierno de turno”, explica el ingeniero Ricardo Raineri, quien dirige al grupo, conformado por 15 personas, entre ellos el consultor en temas eléctricos, Sebastián Berstein, la investigadora del Instituto Libertad y Desarrollo, María de la Luz Domper y el ingeniero Roberto Gurovich.

¿Un plebiscito?

De aquí al 2020 Chile deberá duplicar su matriz energética. Pero antes de invertir en energía nuclear se deben despejar diversas interrogantes: temas regulatorios, de seguridad, disposición de residuos, costos y modelos de negocios, son sólo algunos de los escollos que hay que sortear.

Mientras algunos afirman que Chile optaría por un modelo privado, muy regulado por el Estado, otros consideren que la fórmula ideal es la propiedad mixta.

“Pienso que en Chile se podría crear una especie de ONU de los grupos económicos más grandes del país -los que tengan sobre US$ 5 mil millones-. Ellos se quedarían con un porcentaje de propiedad y el restante podría quedar en manos de Enap, tal como ocurrió con el proyecto GNL”, propone un alto directivo del sector eléctrico.

Pero lejos el tema principal antes de que Chile se abra derechamente a la opción nuclear es lograr un consenso social. Los expertos del rubro eléctrico afirman que incluso éste se puede generar por la vía de un plebiscito. “Toda la ciudadanía debe participar, porque finalmente es lo único que le puede dar sustentabilidad a una decisión de esta índole. En ausencia de un amplio apoyo uno corre el riesgo de que, aunque el gobierno de turno tome la decisión, no vamos a encontrar a nadie dispuesto a invertir en un proyecto que requiere al menos 30 años para recuperar la inversión”, explica Tokman.

Por ello, además, varios expertos afirman que hay que educar a la población. “Las personas no le tienen miedo a que se reviente un embalse, pero sí a la contaminación nuclear, aunque esta última ha causado mucho menos daño a las personas, menos muertos y mutilaciones que cualquier otra industria generadora de electricidad”, afirma Zanelli, quien agrega que un ejemplo de ello es lo que ocurre en Francia: “Allá las municipalidades se pelean por tener una planta nuclear. No la ven como amenaza sino como oportunidad, porque con ella se mejoran los caminos, se instalan escuelas, se genera empleo, y todo tipo de servicios. Esto aún es desconocido en Chile”.