América Latina


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El Futuro de la Energía Nuclear en América Latina

Por Irma Argüello / Agosto 2009 | Link al artículo original

Resumen

América Latina utiliza energía hidroeléctrica y combustibles fósiles como sus principales fuentes de energía eléctrica. La energía nuclear en términos de generación eléctrica total es exigua, alrededor de un 2% y se concentra en sólo tres países: Argentina, Brasil y México. Sin embargo, se han anunciado planes para ampliar la capacidad nuclear de estos países, y otros gobiernos de la región están considerando la alternativa nucleoeléctrica para satisfacer sus crecientes necesidades.

Este interés, que hoy puede ser considerado moderado, podría incrementarse en un futuro cuando se encuentren disponible para comercialización una nueva generación de reactores escalables de pequeña y mediana potencia, entre los que se ubica el CAREM argentino que, por sus características particulares, parece adaptarse mejor a las necesidades energéticas de los países de la región.

Es cierto que luego de años de estancamiento, la alternativa nuclear para la producción de electricidad ha vuelto a la agenda de muchas naciones en todo el mundo. El fenómeno en el nivel global de la proyección y construcción de plantas de energía nuclear se ha equiparado a un “renacimiento” de la industria nuclear. No obstante, es pronto para evaluar si tal “renacimiento” se transformará en un crecimiento explosivo o en una en una expansión moderada. En efecto, la crisis financiera mundial ha operado como un moderador natural del entusiasmo inicial, mediante la introducción de restricciones significativas al crédito. De hecho, sólo los proyectos basados en fundamentos sólidos serán capaces de obtener apoyo de los mercados de capitales. En consecuencia, ya se ha operado una desaceleración en el corto y mediano plazo, pero la tendencia al crecimieno es esperable que se imponga en el largo plazo.

De este modo, el escenario mundial actual abre una oportunidad para que la América Latina lleve adelante una diversificación progresiva y ordenada de sus actuales fuentes de energía eléctrica en la que la energía nucleoeléctrica juegue su papel. Es deseable que en este sentido, la expansión nuclear en la región siga su propio ritmo, cumpliendo con metas realistas, y manteniendo bajo control la diversidad de los riesgos nucleares inherentes- la seguridad y la proliferación-que una expansión precipitada podría exacerbar.

La energía nuclear llegó para quedarse

La industria nuclear ha experimentado altibajos en lo que respecta a la generación de energía. El incidente de Chernobyl de 1986 precipitó una dramática baja en espiral que llevó al crecimiento neto de nuevos reactores de 12 a 2 por año. En los últimos años, sin embargo, el ritmo comenzó a acelerarse puesto que los países comenzaron a volver a la energía nuclear, ya sea ampliando su capacidad o construyendo su primera planta.

Los motivos del renovado interés nuclear y su importancia relativa han sido un tema de debate entre expertos. Es evidente, sin embargo, que la influencia de la creciente demanda de electricidad a escala mundial (que, según la OIEA se espera que se duplique para el año 2030), así como la percepción de que la energía nuclear desempeña un papel importante en el retraso del calentamiento global han sido determinantes. Otros factores decisivos han sido los elevados precios de los combustibles fósiles (y su volatilidad actual), el menor impacto del combustible nuclear en el precio final de la electricidad, y la vulnerabilidad reducida ante una posible escasez, dada la abundancia mundial de uranio. Adicionalmente, la aceptación social de la energía nuclear está mejorando tras décadas de rechazo público en muchos países alrededor del mundo.

Hoy, 439 plantas de energía operan en 31 países, 6 de ellas en América Latina: Laguna Verde I y II en México, Angra I y II en Brasil y Atucha I y Embalse en Argentina. Ver Tabla 1.

Estas seis plantas, con 4GWe en total, representan aproximadamente el 1,4% de la capacidad instalada neta mundial. Sobre una base nacional, representan el 6,2% de la generación eléctrica total en la Argentina, alrededor del 4,6% en México, y el 2,8% en el Brasil.

Información de la Asociación Nuclear Mundial, señala que hoy en día hay 44 plantas en construcción en 13 países, pero sólo 2 de ellos se encuentran en América Latina: Atucha II en Argentina, cuya conclusión está prevista para el 2010 y la recientemente reactivada Angra III en Brasil, que podría entrar en funcionamiento en el 2014. Hasta hoy, alrededor de 28 estados han evaluando la alternativa nuclear (aunque algunos de ellos en una etapa preliminar de planificación, o simplemente como una propuesta). Este número puede variar dependiendo de la fuente, pero es un hecho que al menos tres países de América Latina, Chile, Venezuela y Uruguay, recientemente han mostrado interés en diversificarse hacia esta fuente de energía.

La atención que ponen los gobiernos de la región en la energía nuclear podría estar vinculada a la búsqueda de estabilidad de las fuentes de energía, rompiendo así la dependencia de los combustibles fósiles y la energía hidroeléctrica, comúnmente afectados por fenómenos naturales, políticos o económicos como la escasez, las interrupciones de suministro, los precios altos y las sequías.

Chile, un país bajo una inherente amenaza sísmica, durante el 2007 y 2008 ha llevado a cabo estudios técnicos a fin de evaluar futuras opciones de energía nuclear. La Comisión Zanelli, a cargo del estudio, destacó la importancia estratégica de cualquier decisión sobre el asunto y recomendó que no se descarte la opción nuclear, así como la necesidad de revisar el marco legal e institucional del país para la correcta toma de decisiones. Los expertos también han expresado la disponibilidad de tecnologías anti-sísmicas adecuadas, para minimizar los potenciales riesgos de seguridad en una instalación de energía nuclear.

En Venezuela, el gobierno de Chávez ha intentado, hasta ahora sin éxito, obtener tecnología nuclear de varios países, tales como Argentina, Brasil, Irán, Francia y Rusia con el fin de construir una planta de energía nuclear que podría equilibrar severos cortes de energía. Por ejemplo, un amplio acuerdo marco nuclear civil incluyendo los “reactores de investigación y plantas de energía nuclear” fue firmado durante la visita del presidente ruso Dmitri Medvédev a Venezuela en noviembre de 2008.

Años antes, hubo algunas señales de interés por parte de funcionarios de la empresa petrolera estatal venezolana PDVSA acerca de la adquisición de reactores CAREM de Argentina para producir vapor de alta temperatura, que podría ser inyectado en los pozos para licuar el petróleo pesado.

Asimismo, Francia podría estar interesada en suministrar tecnología nuclear a Venezuela, pero no se han tomado acciones en esa dirección hasta el momento, dejando un potencial acuerdo futuro sólo como especulación.

Uruguay también ha considerado un nuevo análisis de su matriz energética hacia una mayor diversificación y la autonomía, y muchas voces están pidiendo un cambio en el marco legal del país, que actualmente prohíbe el uso de la energía nuclear. Hoy el país depende fuertemente de energía hidroeléctrica, de importaciones de petróleo, así como de gas y electricidad suministrada por la Argentina.

Un caso muy especial es el de Cuba. Durante las últimas décadas el país ha vivido con una crisis energética drástica, ya que depende principalmente de petróleo importado. En 1976 firmó un acuerdo con la Unión Soviética para construir dos reactores de 440 MW en Juraguá, provincia de Cienfuegos. La construcción comenzó en 1983, pero fue detenida en 1992 por razones financieras. Después de eso, todos los intentos de reiniciar el proyecto, aún con diferentes socios externos, incluida la asistencia de la OIEA, llevaron al fracaso. Asimismo, EE.UU. se opone al programa nuclear de Cuba por razones de medio ambiente y seguridad. Sin embargo, en caso de que persistiesen sus necesidades energéticas y se encontrase más globalmente integrada, podría haber una reactivación de su programa en el futuro, o al menos parte del mismo.

El crecimiento en el número de reactores en el mundo llevará necesariamente a un aumento en la producción de combustible nuclear. Por ejemplo, se espera que la capacidad instalada mundial de enriquecimiento de uranio aumente de los actuales 55 millones de SWU por año (separación de las unidades de trabajo por año) a alrededor de 73 millones de SWU / año en 2015. La contribución de América Latina en términos de capacidad se debe a una pequeña planta industrial de Brasil ubicada en Resende, cerca de Río de Janeiro, y una aún más pequeña planta piloto, en Pilcaniyeu, cerca de Bariloche, Argentina. En conjunto representan 140.000 SWU / año, o aproximadamente el 0,3% del total. En el caso brasileño, dicha capacidad será suficiente para enriquecer progresivamente el uranio que requieren los reactores de energía actuales, y para suministrar combustible para el futuro submarino nuclear que está siendo desarrollado. De hecho, los brasileños aspirar a ser autosuficientes en combustible nuclear (un hito importante en los planes nacionales de Brasil) para el 2012. Es evidente que la producción doméstica, debido a la pequeña escala de la planta, no es capaz de ser competitiva en costos, en comparación con los mercados internacionales, pero la planta provee a Brasil de la posibilidad estratégica de dominar por completo el ciclo de combustible.

En febrero de 2008, Argentina y Brasil firmaron un acuerdo de cooperación nuclear que incluía un modelo de reactor de energía nuclear que satisficiera las necesidades energéticas de sendos países y eventualmente de los requerimientos de los sistemas eléctricos de la región, y que también incluía una compañía de enriquecimiento de uranio binacional. Sin embargo, dudas sobre la viabilidad del proyecto conjunto, dada su complejidad intrínseca y avances modestos, persisten después de más de un año después de su fecha de lanzamiento.
Proyectos a largo plazo

Hacia el futuro, la información provista por la Asociación Nuclear Mundial marca que existen planes de gran importancia para aumentar la capacidad a largo plazo en países como China con 103 reactores entre planificados y propuestos, otros 25 de la India, 31 por parte de los Estados Unidos, 36 de Rusia, 22 de Ucrania y 14 por parte de Japón.

El Plan Energético 2030 de Brasil proyecta cuatro plantas nucleares de alrededor de 1.000 MWe cada una. Actualmente Brasil depende de energía hidroeléctrica para el 91% de su generación total. Ha habido declaraciones de funcionarios gubernamentales que sugieren que dicho país tendrá la capacidad para instalar más de 60,000 MW de energía nuclear en los próximos 50 años, lo que implicaría construir una planta nuclear por año, pero estos objetivos parecen tener poco sustento técnico a la luz de las capacidades actuales del país.

Argentina debe aún desarrollar un plan de energía integrado, confiable y a largo plazo para poder definir el rol de la energía nuclear, el número de reactores y también la tecnología y requerimientos de combustible. En agosto de 2006, el gobierno anunció un plan estratégico de 3500 millones de dólares para completar la central Atucha II y extender el ciclo de vida de Atucha I y Embalse.
Durante el 2007, un acuerdo con AECL abrió la posibilidad de avanzar con el proyecto de construir uno o dos reactores de 740 MWe CANDU-6 con un diseño similar al de los reactores gemelos de Quinshan, China.

México es altamente dependiente de los hidrocarburos y es también exportador de crudo. Aproximadamente el 90% de toda la energía utilizada en México proviene del petróleo y el gas, solo el 5% surge de fuentes hídricas. El gobierno mexicano se encuentra abierto a la adhesión de centrales nucleares, con un horizonte de 15 años para diversificar su matriz energética, pero no existe ningún plan formal en la actualidad.

Aún considerando dicha hipótesis, el consumo latinoamericano de energía nuclear aún en el escenario más optimista sería del 5.6% del total de electricidad generada, considerablemente menor al 14.4% promedio mundial proyectado. Ver Tabla 2.


Desafíos regionales

La energía nuclear siempre ha implicado grandes desafíos: tecnología, costos, seguridad y proliferación. Por ende, es esperable que un mayor nivel de actividad, más actores involucrados (los países que iniciarán la búsqueda de su primera central), más tecnología sensitiva (y materiales) en la región, aumentarán y harán más complejos los riesgos nucleares.

Es necesario definir un marco conceptual para poder analizar en profundidad la magnitud de los desafíos que enfrentará América Latina en cuanto a su expansión en energía nuclear.

El problema principal a tener en cuenta es la naturaleza dual de las tecnologías nucleares involucradas, especialmente el enriquecimiento de uranio, que se utiliza tanto para la producción de combustible para reactores como para la producción de armas nucleares.

Otro punto importante es que los estados latinoamericanos, como todos los Estados Parte del Tratado de No Proliferación de 1970 (TNP) tienen el derecho inalienable de utilizar energía nuclear con fines pacíficos. El Tratado requiere que los estados no-poseedores de armas nucleares pongan sus plantas nucleares bajo el control y verificación del Organismo Internacional de Energía Atómica – OIEA, en un régimen conocido como “salvaguardias totales”, las cuales buscan asegurar que ningún material nuclear sea derivado a usos no declarados. Una modificación hacia formas más restrictivas del sistema de verificación, surgió tras la aplicación del Protocolo Adicional del OIEA, el cual permite verificaciones más intrusivas, inlcuyendo instalaciones no-declaradas o que no contienen materiales nucleares. Este documento no ha sido firmado por Brasil ni por Argentina, y es dable reconocer que esta situación ha sido motivo de preocupación en la comunidad internacional.

Asimismo, como fue establecido en el Tratado de Tlatelolco en 1967, las naciones de América Latina y el Caribe se han comprometido a mantener a la región como zona libre de armas nucleares, un concepto confirmado por varios instrumentos internacionales tanto en el  nivel sub-regional como en el nivel bilateral, por ejemplo como el Acuerdo Cuadripartito de 1994, el cual le otorga legitimidad a la ABACC, la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares, cuya gestión comparten ambos países.

Otro tema relevante tiene que ver con las declaradas intenciones de terroristas de adquirir y utilizar armas nucleares, lo cual genera aún más inquietudes sobre el control de las tecnologías nucleares y de los materiales sensitivos .

En el marco descripto con anterioridad, los tres desafíos de mayor prioridad para la región en caso de que se dé la expansión nuclear, serán:

1) Alcanzar un desarrollo de la energía nuclear en toda la región bajo parámetros de racionalidad. Esto requiere un profundo análisis a largo plazo de todas las alternativas para la generación de energía, su viabilidad y conveniencia, país por país y también sobre una base regional. Las decisiones deben tomarse sobre la base de las necesidades energéticas reales, en vez de considerar la búsqueda de prestigio o interés en seguir las tendencias, teniendo en cuenta la sustentabilidad de los proyectos y la optimización de los recursos naturales.

2) Lograr una integración adecuada de los nuevos estados, manteniendo los más altos estándares en materia de seguridad nuclear. Esto implica responsabilidades compartidas entre los países que llegan a la energía nuclear y los proveedores. Lograr la primera central debe  asumirse como un proceso de  largo plazo, en el que el marco regulatorio, la infraestructura y la formación de capacidades humanas científico-técnicas son desarrollados progresivamente. Esta es una clave para el éxito nuclear, dado que el capital humano y la cultura nuclear no pueden ser medidos en años, sino en décadas. Adicionalmente, los proveedores deben apoyar a los potenciales recién llegados, antes, durante, y después de que se tomen las decisiones. Deberían prevalecer alternativas de “Servicio completo”, incluyendo la gestión de la instalación, el combustible, el combustible gastado y de residuos.

3) Garantizar que el crecimiento de la energía nuclear en la región se haga dentro de un marco estricto de no-proliferación. Esto implica seguir trabajando en un esquema efectivo de verificación y control estricto para evitar que los materiales sensibles o tecnologías terminen en manos equivocadas. Sería útil analizar un papel cada vez mayor de control regional bajo la supervisión del OIEA, dado el concepto y prácticas exitosas de la ABACC, junto con una plena adhesión al Protocolo Adicional como está o bien a modelos alternativos que brinden el mismo nivel de prevención.

Es pronto para afirmar que habrá una expansión nuclear significativa en América Latina en los próximos años. Sin embargo, las decisiones sobre el desarrollo nuclear en la región requerirán un alto grado de responsabilidad de los gobiernos, ya que implican compromisos a largo plazo y también alto riesgo. Las opciones de energía nuclear deben basarse en una estimación racional, basada en las necesidades y en la evaluación adecuada de los beneficios frente a los riesgos.

La opción nuclear es beneficiosa para las comunidades, sólo si los desafíos relacionados con la seguridad y la no-proliferación son manejados de forma sabia. En este sentido, las decisiones inteligentes en términos de energía nuclear no ocurren en el aislamiento de los países, sino más bien cuando se dá la cooperación internacional basada en el reconocimiento de objetivos estratégicos comunes.