Antecedentes


Antecedentes

De acuerdo con estimaciones realizadas por la Comisión Nacional de Energía, la demanda eléctrica se duplicará hacia el 2023 y triplicara hacia el 2032 en un escenarioconservador, con un crecimiento anual de una 4,6%. De mantenerse la sa de crecimiento histórico (5,6%), estos plazos se reducen al 2021 y 2028, respectivamente.

En este escenario Chile deberá esforzarse para promover el crecimiento que toda la población espera, no obstante, el desafío no es menor. Con las actuales tasas de crecimiento e incluso potenciando al máximo la eficiencia energética, Chile en 10 a 12 años requerirá construir tantos proyectos eléctricos como todos aquellos que ha hecho en su historia, ya que energía y desarrollo van de la mano.

En este contexto surge la posibilidad de incluir la energía nuclear dentro del menú de opciones para satisfacer la demanda eléctrica como una decisión estratégica de promover la diversificación de fuentes (lección duramente aprendida durante los últimos años), incrementar la seguridad de la matriz, reducir la volatibilidad de precios que enfrenta el sector eléctrico, reducir el crecimiento exponencial de emisiones de CO2 producto de los actuales planes de obras con fuerte desarrollo en base a tecnologías fósiles y como una opción real de ofrecer los amplios módulo para asegurar el abastecimiento de energía necesario para impulsar el desarrollo.

La introducción de la energía nucleoeléctrica no se limita sólo a adquirir una central, sino que implica la puesta en marcha de todo un programa nuclear civil y buena parte de él debe estar funcionando antes de la adquisición de la central. Por ello, si Chile quiere cubrir parte de la demanda señalada con energía nuclear, el país debe prever que es necesario desde ya comenzar a ejecutar un programa de manera tal que llegado el momento de requerirla no exista alguna dificultad para su desarrollo.